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Concha Huerta - Arte y cultura

Me levanto en silencio. Un desayuno rápido. La casa vuelve a estar vacía. Demasiado vacía. Recojo cuatro cosas en un maletín y salgo rumbo al aeropuerto. No me cruzo con nadie en las aceras soleadas. Las gradas de la Castellana desiertas tras la cabalgata que ayer inundo de sueños a los más pequeños.

Embarcamos en hora, un milagro y a mi lado el asiento se queda libre. Otro milagro. Cierro los ojos y te imagino organizando tu nuevo cuarto en Londres. Listas y nervios. Mañana comienzan tus clases. Llego a Lisboa entre nubes altas. Bolas de algodão, tao brancas, comenta un niño brasileño a mis espaldas.

En Cascáis se encienden pronto las luces. La villa se despide de las fiestas con puestos de artesanía y olor a parrillas. Las calles animadas, aquí no se celebran los Reyes. Llego a la playa por las callejuelas adoquinadas que tanto te gustan…

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