Estado de Tránsito

Fue una sorpresa ganar las oposiciones. Cuando me presenté al examen, desmotivado, ni siquiera me tomé la molestia de contestar todas las preguntas. En esos días tristes acababa de romper mi última relación; de hecho, me la habian roto. Un taxista ebrio atropelló a mi amor y a nuestro perro y me arrojó de nuevo al vacío y a las voces.

Después del accidente pasé una semana con el susto en la cara, congelada en ese gesto estúpido de sobresalto que precede a las lágrimas tras una muerte reciente. Abusando de los somníferos y de la cerveza conseguí detener el duelo en esa etapa y ahorrar en clínex. Solo la ceremonia cataléptica de comprar la prensa me hacía salir del piso abarrotado. Ojeando el diario descubrí la convocatoria de oposiciones y decidí presentarme empujado por el miedo. Necesitaba un cambio de aires antes de que se produjera el desastre que…

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